Tome la iniciativa

para salvar vidas

Al hablar de paro cardiaco repentino (PCR) y de desfibriladores externos semiautomáticos (DESA), es fácil perderse en debates acerca de la desfibrilación o de funciones como QuickShock. A veces se piensa que un DESA es una caja de aplicaciones eléctricas y un corazón, un órgano independiente del cuerpo.

 

Sin embargo, el PCR no solo afecta al corazón, y los DESA no son solo cajas. Se trata de personas, personas reales. Se trata de un debate sobre seres humanos, sobre personas que pueden salvar vidas o que necesitan ser salvados.

 

En esta página, conoceremos a personas que recibieron una descarga. Felicitamos a quienes utilizaron el DESA y también a los que se salvaron. Recordamos que estos dispositivos están para ayudar a los demás cuando lo necesitan.

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¿Por qué Philips?

Historias de supervivencia
 

 

Una respuesta rápida salvó la vida de Joe

Joe Moscato, redactor técnico de Philips, se encontraba totalmente en forma. Su rutina habitual incluía dos horas de entrenamiento en el gimnasio de la empresa.

 

Justo había acabado de entrenar cuando sufrió un paro cardiaco repentino (PCR). Su corazón latía de forma incorrecta y era necesario normalizar el ritmo cardiaco de inmediato.

 

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Julia necesitó algo más que RCP

Julia Sims, residente en Greensboro, Carolina del Norte, se recuperaba de lo que creía que era una fuerte gripe. Se sentó en la cama y aseguró a su marido que se encontraba bien. Incluso insistió en que no anulara su partido de golf.

 

“Me di la vuelta para meter los zapatos en el armario”, comenta Jeff Sims, el marido de Julia. “Cuando me giré de nuevo, Julia estaba sentada en la cama con la cabeza agachada. Me acerqué y le levanté la cabeza con cuidado. Entonces me di cuenta de que algo iba muy mal”.

 

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La rápida reacción de un amigo le salvó la vida a Lindsay

Una mañana primaveral de abril, Lindsay Hayden, de 19 años, se desmayó en clase con el corazón a 220 pulsaciones por minuto, el doble o triple de lo normal.

 

Corría un grave peligro.

 

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Una crisis en el borde de la piscina con final feliz

Matt McKenna era un joven deportista de 15 años. Acababa de volver de un campamento de verano intensivo de lacrosse y daba volteretas desde un trampolín cuando su madre, Wendy, notó que pasaba algo malo.

 

Matt estaba de rodillas, agachado y con la cabeza casi tocando el suelo. Wendy llegó corriendo y comenzó a zarandearlo, pero no respondía. Estaba azul por la falta de oxígeno.

 

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