Bilirrubina no conjugada: un indicador de kernícterus

 

 

 

 

 

 

Perspectivas en el tratamiento de la ictericia

De acuerdo con Centers for Disease Control and Prevention (CDC)*, la incidencia de la ictericia es del 65%. Por ello, los investigadores buscan nuevas formas de detección y tratamiento de la hiperbilirrubinemia, la primera causa de reingreso de bebés.

El Dr. De Luca (director médico de pediatría y cuidados críticos neonatales en el hospital Antoine-Béclère de París; profesor asociado de pediatría en la universidad Paris-Sud) ha identificado una nueva relación entre los niveles de bilirrubina en la piel y la bilirrubina circulante no conjugada, lo que aporta más información para el desarrollo y la prevención del kernícterus.

 

Los resultados de la investigación del Dr. De Luca se presentaron por primera vez en abril de 2015 en la reunión anual de The Pediatric Academic Societies (PAS).

 

La reaparición de la ictericia
En el año 2000, el Dr. De Luca, entonces médico residente en Italia, observó una reaparición de la ictericia neonatal con el consecuente aumento de reingresos hospitalarios, todo ello en el marco de la puesta en marcha de unos protocolos de alta temprana posparto.

Antes de dichos protocolos, la ictericia se diagnosticaba durante el periodo de hospitalización, ya que la hiperbilirrubinemia alcanza su punto álgido a los 3-5 días del parto. Ahora, al haber cada vez más familias que regresan al hospital debido a la ictericia, tanto médicos como gerentes buscan el modo de velar por la salud sin dejar de disminuir los reingresos. El riesgo que suponen estas políticas a la hora de diagnosticar y tratar la ictericia, dan pie a que la bilirrubina (sustancia altamente neurotóxica) cause kernícterus, una gravísima enfermedad neurológica.

En mi investigación, el TcB resultó útil para reducir las muestras sanguíneas en más del 50% de los pacientes. Gracias a ello, se puede medir la bilirrubina en la piel y utilizar la medición como parámetro clínico”.

 

— Dr. De Luca, director médico de pediatría y cuidados críticos neonatales en el hospital Antoine-Béclère de París; profesor asociado de pediatría en la universidad Paris-Sud (Francia).

Clasificación de la bilirrubina
La ictericia neonatal está causada por la destrucción normal de eritrocitos y el consiguiente aumento de los niveles de bilirrubina. La bilirrubina se encuentra en dos formas distintas: “ligada a la albúmina, que impide que abandone la circulación sanguínea y pase a la piel, o bien no conjugada, que permite que pase a la piel y al cerebro”, comenta el Dr. De Luca.


En su esfuerzo por entender mejor la bilirrubina circulante del cerebro, la que mayor riesgo plantea, examinó la relación entre las formas conjugada y no conjugada a nivel transcutáneo (piel) y sérico (sangre). Asimismo, realizó mediciones simultáneas de la bilirrubina transcutánea (TcB) y de la no conjugada (UB). Para ello, obtuvo muestras de 194 neonatos con ictericia. Aparte de otros factores, el Dr. De Luca descubrió una correlación importante entre estas dos mediciones.


“Según los hallazgos de la investigación, la parte indirecta o no conjugada de bilirrubina es responsable de la bilirrubina que atraviesa la piel, y se sabe que esta porción no conjugada penetra también en el cerebro. Al no haber una forma directa de medir los niveles de bilirrubina en el cerebro, esta correlación resulta muy importante para que los médicos puedan determinar si el recién nacido presenta un riesgo alto”, afirma el Dr. De Luca. Esto lo lleva a sugerir que los análisis de bilirrubina con una monitorización no invasiva de la TcB pueden reflejar mejor los efectos neurotóxicos asociados con niveles de bilirrubina no conjugada.

 

Medición de la bilirrubina indirecta o no conjugada

En cuanto a investigación médica y metodología, “es cierto que la única fuente de bilirrubina que circula a través de la piel es la bilirrubina indirecta, aunque eso no significa que pase toda a la piel.

 

Si bien hay un porcentaje de la que pasa a través de la piel que puede captarse con un bilirrubinómetro transcutáneo (TcB), no podemos afirmar que pase toda de un modo homogéneo”, indica el Dr. De Luca. Existen variables de múltiples factores: la edad gestacional, la temperatura de la piel y otras comorbilidades médicas.

 

En lo que respecta al diagnóstico, el Dr. De Luca indica que las mediciones de TcB con dispositivos como BiliChek son herramientas prácticas para prevenir los traumatismos asociados, y añade: “En mi investigación, el TcB resultó útil para reducir las muestras sanguíneas en más del 50% de los pacientes. Gracias a ello, se puede medir la bilirrubina en la piel y utilizar la medición como parámetro clínico".

 

“Por un lado, nos ahorra algunas muestras de sangre y, por otro, aporta información sobre la fisiopatología de la ictericia”, apunta el Dr. De Luca. Gracias a los dispositivos TcB no invasivos de 2ª generación, que miden la bilirrubina indirecta o no conjugada en la piel, se detecta mejor el riesgo de neurotoxicidad del recién nacido. Y con la información que proporcionan podemos establecer una correlación. Todo ello resulta muy interesante ya que, de lo contrario, la medición sería difícil”, afirma el Dr. De Luca.

 

Para continuar trabajando, el Dr. De Luca anima a difundir su investigación y a profundizar en los hallazgos que arroja. “Cualquier certeza, por pequeña que sea, de que los tests cutáneos pueden predecir mejor la bilirrubina cerebral, supondría un gran logro clínico".

* “Jaundice and Kernicterus,” Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
http://www.cdc.gov/ncbddd/jaundice/facts.html (acceso el 1 de mayo de 2015).

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