El tratamiento de muchas enfermedades crónicas implica la colocación de implantes o el uso de dispositivos terapéuticos externos. Millones de pacientes se benefician de implantes pasivos y activos, así como de otros dispositivos médicos. Para numerosas enfermedades, la RM es la modalidad de elección⁴⁻⁸ recomendada por las guías de consenso para el diagnóstico y el seguimiento del tratamiento.
Sin embargo, en la práctica clínica actual, algunos pacientes con implantes o dispositivos médicos pueden ver limitado su acceso a la RM debido a importantes consideraciones de seguridad. Este «conflicto entre tecnologías»⁹ puede generar desigualdades innecesarias en el acceso a la atención sanitaria para un grupo de pacientes cada vez más numeroso.